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Itahisa Pérez Pérez , nominada a los Premios EDUCA ABANCA. Mejor Docente de España 2019

Itahisa Pérez Pérez, ha sido nominada a los Premios EDUCA ABANCA  Mejor Docente de España 2019  en la categoría de Educación Universitaria . Es Licenciada en Pedagogía  y cuenta con 10 años de experiencia docente. 

 

 "Satisfecha, feliz y agradecida serían las tres palabras y emociones que me genera esta nominación"


¿Qué ha supuesto para ti esta nominación?

Un profundo agradecimiento.

Cuando recibí la notificación lo primero fue sorpresa y, a continuación, alegría. Una revolución de emociones que con el paso del tiempo se calmó y se convirtió en satisfacción por el trabajo que hago día a día, sin esperar nada a cambio, sino la gratitud que percibo de mi alumnado en las asignaturas. Que esta gratitud se haya traducido o ampliado ahora con esta nominación, pues aumenta mi emoción a todas esas personas que me nominaron, que valoraron mi trabajo y mi persona.

 

Para mí ya haber llegado a esta lista de 59 personas nominadas en la categoría de universidad para el Premio al/a Mejor Docente 2019 que otorga Educa ABANCA, es un logro enorme. Si me quedo aquí estoy muy satisfecha, y si logro alcanzar la siguiente fase, pues no sé qué podría sentir, pero seguramente las mismas emociones que ahora aunque con mayor grado de efusividad. Sea lo que sea, satisfecha, feliz y agradecida serían las tres palabras y emociones que me genera esta nominación.  

¿Qué fortalezas y debilidades encuentras al sistema educativo actual?

Ésta es la pregunta del millón; si fuese sencilla su respuesta, tendríamos la solución y eso lo considero arriesgado, pero podemos debatir sobre aspectos a reflexionar, analizar y reconsiderar.

 

Hablando de solución, ya vaticino que hay un problema porque realmente sí creo que exista una situación compleja en el sistema educativo español, que requiere de una intervención consciente e integral. Con esto quiero decir que la solución no pasa, al menos para mí, por políticas partidistas que es a lo que parece estamos acostumbrados; nos han acostumbrado a eso y nos hemos dejado acostumbrar, aquí todas las partes considero que tenemos la responsabilidad, a diferentes niveles. Si no somos capaces de asumir nuestra parte de responsabilidad y seguimos el ciclo tóxico de culpabilizar al otro, ya tenemos aquí un problema porque la sociedad la conformamos todas las personas que formamos parte de ella.

 

Hecha esta introducción a modo de reflexión personal y, quizás, transcendental, vamos a compartir algunas ideas sobre esas fortalezas y debilidades.

 

Lo primero a considerar entiendo que es reconocer dónde está el problema. Según la Comisión Europea, hace menos de un año, España debía invertir más en educación, disminuir el abandono escolar y universitario, reducir el desajuste entre enseñanza y mercado laboral, entre otros retos. Y esos planteamientos se llevan demandando desde hace años, otra cosa es cómo y dónde las demandamos para que no se hayan cumplido. Pero también nos plantea Europa que debemos reformar la carrera docente y esto es interesante porque, desde mi visión, la única carrera docente que se está reformando y cada vez con más exigencias y menos retribuciones y consideraciones, es la universitaria. Nos han abocado a una carrera que sólo mira hacia índices de calidad, lo que supone una mercantilización de la docencia, y eso nos supone muchísimo esfuerzo para buscar recursos económicos, para diseñar investigaciones impactantes y se puedan publicar sus resultados en determinadas revistas que han considerado que son las mejores. Y este círculo tóxico y vicioso creo que nos está haciendo mucho daño. Y ¿qué ocurre? Que, si quieres seguir en este carro al que decidiste subirte un día, debes de pasar por el aro. Y esto repercute, no siempre, pero la balanza es compleja de gestionar, en un detrimento de la calidad de la docencia, porque es muy complicado que un personal docente organice, imparta y evalúe sus asignaturas, realice tareas de gestión (porque también se nos requiere), investigue, publique, etc.

 

Y, ¿por qué decía que lo veía más en la universidad? Porque desde hace unos años soy más crítica sobre lo que se exige para la carrera docente en las diferentes etapas educativas. No tiene comparación que para Infantil/Primaria sea necesario estudiar el Grado y aprobar unas oposiciones y ya son funcionarios del Estado. En secundaria, con cualquier carrera universitaria, y ahora haciendo el Máster de Formación del Profesorado, ya puedes opositar e, igualmente que el anterior, una vez aprobado eres funcionario. En cambio, para la Universidad, tienes que estudiar un grado, después un máster oficial (término también controvertido de las políticas educativas y que tanto daño están haciendo a los títulos propios), te inscribes en un programa de doctorado para realizar una tesis de investigación que te lleva varios años (dependiendo del objeto de estudio, tu disponibilidad, conciliación, situación económica que te permita dedicarte sólo a ello o compatibilizar con un trabajo externo, etc.). Una vez defiendas tu tesis doctoral (puede pasar desde 2-3 años hasta 10), ya eres Doctora, pero esto no significa casi nada en tu vida laboral. Es decir, ahora tienes que investigar, publicar, impartir docencia y comenzar un proceso de acreditaciones interminables en ocasiones, agotadoras en otras. Y para llegar a ser funcionaria, requieres al menos de 3 acreditaciones (Ayudante Doctor, Contratador Doctor y Titular). Cuando logras llegar aquí, han podido pasar de 10 a 15 o 20 años, con suerte, porque en medio has tenido que luchar con las convocatorias de plazas que se hayan ofertado. Y en toda esta vorágine, no he hablado del salario, para la cantidad de requisitos y escalones que tienes que ir superando.

 

Y toda esta complejidad, es una parte de esa carrera docente que ya Europa nos plantea como un reto a conseguir, y nunca mejor dicho lo de reto. A eso se suma la cuestión vocacional, que en etapas educativas anteriores no siempre está presente y, cada vez más, a secundaria se presentan más personas buscando una estabilidad laboral y donde la vocación la tienen en la carrera que estudiaron, pero no en la docencia y esto, sin duda alguna, repercute en la calidad de la enseñanza, en los valores que se transmiten, en las relaciones docente-discente, etc.

Por todo ello, las debilidades fáciles de identificar serían: el gasto público, el abandono o deserción escolar, desajuste en las salidas laborales, reformar la profesión docente (no sólo en convertir el personal a indefinido y funcionario, sino hacer un verdadero replanteamiento de los requisitos, del acceso, de la permanencia, de las evaluaciones, de la calidad docente, etc.), el aprendizaje de idiomas, la educación continua y permanente, la atención a la diversidad e inclusión educativa (real, no populista), ratio docente-estudiante, necesidad del compromiso docente y confianza en el alumnado (en sus posibilidades, potencialidades, talentos, etc.),…

 

Pero, sin duda alguna, también tenemos fortalezas. Hay diversos autores y estudios que han abordado este tema con mayor profundidad y coinciden en la satisfacción del alumnado con su centro educativo, lo que llamamos el sentimiento de pertenencia que con los años parece que vamos perdiendo -siempre en líneas generales todos los aspectos que estoy abordando y partiendo de la base que cualquier generalización acarrea discriminación-. Existe una competencia elevada de los centros públicos, con cierta autonomía -con los pros y los contras de la autonomía entre comunidades y centros-, un personal docente motivado e implicado que impulsa a la innovación y el cambio, mejoras de competencias en determinadas asignaturas o temáticas, etc.

 

Lo cierto es que ambos factores (tanto fortalezas como debilidades) repercuten en el rendimiento del alumnado y eso también se va detectando cuando llegan a la universidad, aunque estoy prácticamente segura de que en las etapas anteriores también las han identificado. De hecho, hay datos que indican el aumento del analfabetismo funcional, es decir, cada vez hay más personas que saben leer, pero cada vez hay más personas también que no comprenden lo que leen. También ha habido una mejora en la introducción de itinerarios formativos que atienden al talento de cada estudiante, la diversificación de estrategias metodológicas que facilitan una enseñanza más personalizada (con muchos matices este término) y el desarrollo de sus propias experiencias de aprendizaje. Existen muchos centros educativos españoles, públicos, que llevan años innovando, sea oficial u oficiosamente: incorporando la educación emocional, por ejemplo, entendiendo que el ser humano puede desarrollar su inteligencia cognitiva pero también emocional, y que cada vez es más necesaria debido a las escasas competencias que tenemos para pensar de manera crítica, reconocer mis emociones y saberlas regular para lograr mi bienestar y superar las adversidades, al igual que identificarlas en la otra persona para mantener relaciones sanas y saludables.

 

Creo que también debemos escuchar más al alumnado, sus necesidades, sus inquietudes, para replantear o, al menos, analizar la enseñanza que estamos desarrollando, y acompañarlos en su proceso educativo para formar personas críticas, proactivas, responsables y autónomas. 

¿Cómo definirías la educación?

Como siempre le digo a mis estudiantes, vamos a partir de la RAE que es el Diccionario oficial de nuestra lengua española, y a partir de ahí reflexionemos y contrastemos con otros postulados. 

 

Para la RAE, la educación es la “acción y efecto de educar” e “instrucción por medio de la acción docente”. Aquí entramos en debates interesantísimos. ¿Qué es entonces educar? “dirigir, encaminar, doctrinar” y “desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etc.”.

 

Prefiero la segunda acepción porque desarrollar es aumentar o reforzar, mientras que adoctrinar es “inculcar determinadas ideas o creencias”, y aunque esto lo hacemos inconscientemente, considero que la educación y la docencia debe ser también consciente. Es decir, tengo que saber lo que quiero transmitir, pero no me interesa inculcarles mis creencias ni ideas, porque para mí eso va en contra del libre pensamiento y el pensamiento crítico. Yo tengo que plantearles un abanico de posibilidades, tengo que provocar el cuestionamiento, el desaprender para volver a aprender con otros cimientos más fuertes, más profundos, más conscientes. De lo contrario, lo que hacemos es repetir patrones, mis patrones, los que yo veo con mis cristales, pero no son los únicos, no son los suficientes. Caer en eso, sería caer en lo que Frato representó en sus viñetas de “La fábrica de la escuela”, donde los estudiantes entran a la escuela diferentes, con sus ideas, sus creencias, su educación de base, su cultura, sus características, y pasan por un adoctrinamiento donde lo que se considera “no válido” se desecha, y los resultados de los que siguen el proceso son fotocopias, son réplicas. Y si la educación replica este ejemplo, para mí está abocada al fracaso.

Para mí cuando hablamos de educación, necesariamente hablamos de valores, entendido como algo valioso que queremos que se produzca en los educandos, de otro modo no habría un acto educativo. Si no es a partir de los valores, no hay posibilidad de llevar a cabo un proceso educativo ya que no existe el hombre biológico, desnudo de cultura y de valores. Por tanto, los valores son contenidos explícitos o implícitos inevitables en la educación.

 

Pero también dice la RAE que educar es “enseñar los buenos usos de urbanidad y cortesía”, es decir, ya estamos hablando de otra cosa, aquí entra el otro, la socialización, la convivencia, el respeto, las libertades. El hándicap de nuestra lengua, y a su vez su riqueza, es que los significados son muy diversos: para mí no es lo mismo mostrar que adoctrinar, ni instruir que enseñar, ni dirigir que desarrollar. Y todos esos términos aparecen en las diferentes acepciones de educar. Entonces, si no desarrollamos el pensamiento crítico, la educación que recibirá la otra persona dependerá de quién le enseñe, y aquí entra una arbitrariedad de enfoques, planteamientos y objetivos.

Y es probable que estas diferencias partan de su doble origen etimológico. No es lo mismo educare, entendido como formar o instruir, que educere que se refiere a sacar o extraer. En la segunda hay mayor autonomía, un proceso más abierto y reflexivo, donde se va a desarrollar y potenciar lo que el discente lleva dentro, mientras que la primera es más autodirigida, donde se introducen conocimientos, saberes, ideas…

 

Ahora sí, yo considero la educación desde esa raíz educere, donde extraes de dentro hacia fuera, donde despliegas las potencialidades de las personas, siendo consciente de la capacidad que tiene para desarrollarse. Este planteamiento considera la configuración de un sujeto individual y único, y con esto me siento más identificada. Desde esta perspectiva, la docente es alguien que inspira a que el otro se transforme, y esto me parece maravilloso. En esta línea gira mi metodología y mis asignaturas de los últimos años, después de la experiencia docente, de haber leído, estudiado, cuestionado y desaprendido para aprender de otra manera, y para enseñar a desaprender también porque lo considero muy necesario.

 

Éste es uno de mis lemas ya que considero necesaria e imprescindible una educación integral, consciente de las potencialidades de la persona, de la capacidad para desaprender y crecer.

Si te decimos estas palabras qué se te viene a la cabeza: Sala de profesores, educación pública y familias.

De todas ellas podría decir las mismas palabras: oportunidad, crecimiento, desarrollo, confianza, emoción y conciencia.

Depende cómo se quiera ver el vaso y yo lo veo con optimismo. Creo que la historia, los fracasos, las crisis, los errores, las caídas y los suspensos, son oportunidades para aprender, y en el aprendizaje está el desarrollo, el cambio y el crecimiento.

 

En primer lugar, la sala de profesores debe ser un lugar de encuentro, de convivencia, de compartir, lo académico y extraacadémico, de unión. Un lugar de cuidado hacia el otro, hacia mí, hacia el equipo. Requiere tener apertura, plantearse objetivos, debatir y dialogar. Todo esto fortalecerá las relaciones saludables y el sentimiento de pertenencia. Y hablando de estos términos, se excluyen otros que acarrean connotaciones negativas, y que no me apetece mencionar para transmitir un mensaje optimista, de confianza y una oportunidad de que se pueden hacer las cosas de otra manera, por el bien común del equipo docente, del alumnado, del centro educativo y de la sociedad.

 

En segundo lugar, la educación pública es un valor en sí mismo, es una oportunidad para la inclusión, la igualdad de oportunidades, para el desarrollo de las personas, y para el desarrollo y crecimiento de un país. La educación pública debe ser también un símbolo, una unión, un sentimiento de pertenencia de lo nuestro, de lo público y, seguramente, también del pueblo.

 

Y para terminar, las familias son el germen, es parte de esa semilla por la cual se forma una nueva planta. Es la cuna de la vida, es la primera institución educativa, el primer foro de transmisión de valores. Las familias es un agente más, primordial y fundamental del sistema educativo. Las familias en su amplio sentido de la palabra y con toda su diversidad, que también es importante que se recoja en la enseñanza los diferentes tipos de familia que existen hoy en día, y que se transmita en el sistema educativo.

 

 

 


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